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martes, 22 de octubre de 2019

Espinela rosa

Soy jacinto rojo suave
cuando me oprimen sus labios,
vicio advierten ya los sabios,
de Afrodita el furor grave
con sus causas y su clave.
Espinela hecha pedazos
cuando me arrojo a sus brazos,
libre acepto sus encantos,
caramillo de mis llantos
y manzanas en capazos.

sábado, 10 de agosto de 2019

Profunda tristeza

Las noches son ásperas
garras sobre mi pecho,
el aire quema mis pulmones
mientras la lluvia me enceguece,
hay un cielo que se mueve
pero el frío se queda aquí,
sueño que promete olvido
pero condensa negra nube,
que no suaviza al despertar
mi tormenta solo crece,
estoy mortificado por ti
en la carne y el espíritu,
ya no puedo hablar
ni elevar mi oración,
solo el llanto patético
que brota de versos rotos,
enuncia sin reparo
mi profunda tristeza.

miércoles, 5 de junio de 2019

A los guerreros caídos

Tus ojos catapultas aún precisas
observan la roca viva que se hunde,
los duendes cantan y bailan sin prisas,
no les importa si su oro se funde.

Tu boca aljaba carente de flechas
exhala fantasmas de primavera,
se mueven como palabras estrechas,
recuerdos de la dicha verdadera

Tus manos hachas firmes e iracundas
afiladas por el viento del este,
hoy las adornan con runas profundas

Tu rostro piëdra luz inmutable
se levanta sobre el fuego y la peste,
honor a ellos por su muerte laudable.

lunes, 29 de abril de 2019

Pequeños llantos

Florecillas que no duermen
ya no hablan, tan solo lloran
desvanecen sus fragancias,
palidecen sus colores,
he intentado ya de todo
darles agua, luz y sombra
tiernos mimos y canciones
pero sus pequeños llantos
solo piden una cosa
que regreses pronto a casa.

martes, 16 de abril de 2019

Sobre el manto

En los suelos hay cicatrices
hechas por garras ardientes
que no conocen la moderación,
pertenecen a una bestia sin culpa
fácil de provocar por la Naturaleza
pero aún más de perder el control,
con sus fauces consume el aire
movida por el hambre eterna
hecha de deseos infernales
que arrojan Cuerpos al llanto,
un vino amargo que no se acaba
y que uno ha sido obligado a beber,
sentados para contemplar los fósiles
estas cenizas arrojadas sin piedad.
Pero sé que la Tierra nos habita,
volverá la Madre a confortar
y el verdor para borrarnos.

domingo, 9 de diciembre de 2018

Sagrario

Esta tarde es triste y llueve tanto,
como un lamento de mi memoria,
recuerdo el polvo sobre los estantes,
las cosas que eran y que desprecie,
el pasto crecido que ya no quiere mi atención,
aquellos espejos rotos y botellas vacías,
el brillo azulado de un coro de ángeles,
yo que descuide por completo la casa mía,
ya  nada es mío ni puedo robarlo,
ayer que decidí cuál era mi dicha
y hoy que solo vivo por estar vivo,
por eso esta tarde salgo apresurado,
sin abrigo ni besos de despedida,
camino entre las calles y callejuelas,
sin detenerme con nadie ni nada,
nada ni nadie se queda conmigo.

Y al estar de pie, con ganas de llorar,
frente a las colosales puertas,
quieto como si hubiera golpeado un rayo
y con una hambre inmensa,
me miran jueces bien abiertos que van saliendo
y pienso que ellos dicen con voces muy bajas
¿Quién será este hombre?
¿Qué tristezas le tienen tan enfermo?
O ¿Cuánto habrá tomado este infeliz?
Hace mucho que ya no bebo,
hace poco que ya no aguanto,
doy un paso y me adentro en la parroquia.

Me muevo entre las bancas y los nichos,
¿Quién de nosotros o de aquellos
podría erguirse hoy sobre un nicho?
Si no hay cosa material que nos sostenga,
si cada mujer y cada hombre se tiene
a sí mismo como  una verdad indecible,
una conciencia gris, sin temor ni dolor.
Al acercarme discretamente al altar
puedo contemplar esas manos,
las dos manos santas clavadas,
las espinas que atraviesan al hombre
y el rostro doliente que busca al Padre,
no encuentro consuelo,
ya no contengo el llanto
y me doy cuenta que una mujer me está mirando,
una mujer de carne y hueso,
que me mira con compasión,
como si yo recién me hubiera bajado de la cruz,
como si supiera perfectamente
cuanto dolieron las espinas y los clavos.

¡Oh dios mío!
De haber sabido antes que estabas aquí
quizás yo no hubiese sido indiferente,
aquí en este sagrario inmaculado
que es un refugio para el pecador
y que me mira como mi madre,
es que a veces de Dios,
uno necesita una madre.

¡Oh madre mía!
De haber sabido antes que te tenía,
tal vez yo habría sido mejor hijo,
mejor hermano, mejor padre
y ahora que me doy cuenta
de que nada de esto me fue ajeno
pero que por elección lo ignoraba,
quiero atenderlos a todos.

Quiero volver arrepentido a mi hogar
y ofrecerles a todos un acto sincero,
quiero calmar esta hambre de amor
y ofrecerles a todos un pan caliente,
a los estantes, el pasto y los ángeles
con la fe que había perdido, hasta hoy.

martes, 28 de agosto de 2018

Fracaso

Es algo que ya no puedo soportar,
cuando asoma su cara en la habitación,
entre cambios de máscara y escena
puedo ver su expresión de fracaso en mí,
sus ojos de ira que se resisten al llanto,
que no se atreven a mirarme
ni tampoco a rendir su orgullo,
sus labios que se estiran con vergüenza,
que no alcanzan las palabras
pero pretenden dar respuestas,
puedo ver cómo quiere estallar,
todo es un caos oculto celosamente
que se extingue antes de gritar,
su cuerpo un todo, vuelto desastre,
piernas y brazos de atril olvidado,
rodillas cansadas llenas de óxido,
muñecas que crujen anunciando algo
y una cabeza que escupe humo negro,
quizás vestigio de algún deseo o ilusión
devorados por el fuego de este mundo,
puedo ver las horas de su esfuerzo,
huellas delineadas sobre su piel,
no puedo ignorar su cara quebrándose,
su furia en mí, su temor en mí,
que alguien lo ayude, yo no puedo,
que alguien le enseñe a fracasar.

martes, 23 de enero de 2018

Las calles de la desolación

¿Cuáles habrán sido aquellos sueños o tales intenciones? Las cosas que tenían nombre se volvieron polvo sin descanso o restos de tumbas inquietas, sé que fueron hombres y mujeres devorados por codicia o consumidos de miseria, nadie tuvo un momento para recostarse y observar dentro de sí, pues cuando el reactor explotó las partículas de hidrógeno volaron a través de los edificios y los huesos, arrebatando la forma de todo cuanto conocía o entregando los despojos de una horrenda ciudad a donde no hay piedad, podría alegrarme de este desenlace, pensar incluso que se ha hecho justicia, yo que era antes uno de los predilectos despreciables de la sociedad, un estorbo viviente que hacia padecer repugnancia y desdén, un hombre del cual no se espera nada salvo por malas intenciones; cuando yo me acercaba a pedir una limosna la mayoría de las personas no se molestaba en fijar la mirada, la indiferencia alimentaba mi desesperación o adormecía mi esperanza, algunos otros me gritaban insultos e incluso golpeaban mi cuerpo o lastimaban mi espíritu y unos pocos me atendían ofreciendo una de las monedas que ahora perdieron su valor, incluso entre aquellos pocos podía yo ver en el reflejo de sus ojos, la vergüenza de un patético guijarro, ni la autoridad, ni la sociedad, ya ni yo mismo me tenía como un ser humano; merecía yo vivir de tal manera, se muy bien que con mis decisiones hice mi camino hasta las calles de la desolación; hoy podría yo sentir el consuelo en mi alma cansada o inquietud ante el aparente final, pero recuerdo que también había hombres sin culpa y mujeres inocentes, mil niños dormidos en la inmensidad, mi cuerpo tiembla y solo busco un refugio o un sentido mientras camino por las calles de esta ciudad muerta.

martes, 14 de noviembre de 2017

Una mirada perdida

Supe que serían solo mías,
esta sed y la distancia,
entiendo bien mujer,
no puedo tomar tus alas
y hacerte volver,
pero tampoco puedo dejar
de suplicarle a la noche
tu gracia y tu ternura,
tu nombre y tu calor
y no puedo dejar de anhelar
el roce de tus palabras,
el aroma de tu cuerpo
y el sonido de tu voz.

El peso de tus manos
sobre las mías,
persiste en mi alma
y no puedo olvidar,
la dulzura de tus ganas
de quererme besar.

Contemplo días inconsolables,
solo espero fiel en ti mi amor,
meditando estas palabras
busco calma, herido estoy.

Ya no llores más
si tu ángel partió,
pues a esta hora
ya habrá escuchado
tu oración.

jueves, 9 de noviembre de 2017

Bañarse en el río

Es de noche, salgo de mi hogar
para penetrar en la espesura,
ahí donde los cuerpos silvestres
anidan y cazan imponiendo su ley;
camino hipnotizado por una sensualidad abrumadora,
me está llamando una calma total,
mis pasos son como bruscos despertares
sobre una tierra oculta en lo profundo,
senderos entretejidos a través de diversos pisos,
a través de húmedas plantas y exuberante follaje,
a través de ecos aullantes y miradas nocturnas;
todo está tan desnudo, tan llano y entero,
una promesa enterrada por una madre celosa y fiel,
un llanto siempre verde, aun sin yo poder entender
estoy abriéndome, están llevándome a algún lugar;
toda esta maleza azul, después verde, después blanca,
las estrellas fúlgidas, los árboles altos y frondosos,
toda esta oscuridad preciosa me ofrece su hermandad,
me hace sentir libre, protegido y acechado a la vez;
me detengo ante un río de zigzagueantes orillas
y despojándome de mi ropa entro al agua,
ella me cubre hasta la cintura, me abraza,
agua fresca de confortable temperatura,
apenas fría, avivando cada poro de mi piel,
como rejuveneciéndome, como adormeciéndome,
en la orilla se pueden ver los jaguares y las flores,
ya están esperándome,  entre las hojas y la luz,
todas estas flores amarillas, rojas, azules y moteadas
embellecen mi mirada y enternecen el aire con su perfume,
termina el llanto, ya estoy acercándome al despertar;
la brisa de la montaña acaricia la superficie del agua,
los rayos lunares reflejan en el fondo las piedras preciosas,
espinela que seduce con su brillo en todas direcciones,
y mi cuerpo se mueve al ritmo del empuje de la corriente;
este es un lugar donde dormir,
es un abismo completo y final,
me baño en el río y las flores se inclinan,
ojos verdes me miran y rugen con fuerza,
en un impacto celeste que rompe el cristal,
este es mi cuerpo, que se va con el río.

domingo, 29 de octubre de 2017

Sentado en la penumbra

Versión haciendo uso de la intertextualidad (versos de José García Nieto)

Yo mismo soy mi mismo abismo;
mi misma angustia me conforta.
Que alguien advierta mi llanto,
que alguien se vuelva hacia mí.
Yo mismo soy mi mismo frío;
mi misma soledad me abriga.
Que alguien pronuncie mi nombre,
que alguien se entere de mi alma.
Que sepan que yo sigo aquí,
que late en mí, aún late en mí.


Versión sin intertextualidad(original)

Yo mismo soy mi mismo abismo;
mi misma angustia me conforta.
Que alguien advierta mi llanto,
que alguien se vuelva hacia mí.
Yo mismo soy mi mismo tiempo;
mi misma espera me mantiene.
Que alguien pronuncie mi nombre,
que alguien se entere de mi alma.
Que sepan que yo sigo aquí,
que late en mí, aún late en mí.

sábado, 23 de septiembre de 2017

Traición

Ten calma, ten calma y no llores,
le digo con voz desecha a mi corazón
que yo no conocía este sufrir,
que no eres la primera ni la última
en ser humillada y ofendida,
todas sus promesas se fueron con la noche
que se arrastraba entre las sábanas.
Ten calma, ten calma y no llores,
pero ya no puedo contener mi tristeza,
mi llanto cae sobre mi pecho roto,
cierro los puños y aprieto los dientes
con una fuerza que no es mía, y lloro.
Lloro con su perfume adherido a mi piel,
lloro con el alma ahogada,
lloro con el corazón desgarrado,
lloro con el alba en mi ventana,
con ganas de olvidarme de todo y de nada.

Traición
Artista: Karla Maike Robles Cano

jueves, 10 de agosto de 2017

Es imposible

Es un dolor ardiente
que estremece los huesos
y se roba las fuerzas,
que corre violento desde
el estómago hasta la boca,
mi cuerpo distingue su peso sobre la tierra
y mi alma flota libre sobre recuerdos.
¿A dónde se fue la calma?
Está fuera de mí.
Su rostro destella en mis ojos cada vez que parpadeo
y su nombre se queda en mis labios sin poder pronunciarlo,
todos los asuntos se desvanecen
dejando polvo en el suelo,
todo lo que veo se desenfoca y se aleja,
y cada respirar es una oración
que oprime y lastima el corazón.
Hay un signo por encima de mí,
esta es la certeza de mi esperanza,
el testimonio fiel de su promesa.
¿Por qué pues, estoy llorando?
Yo, que conozco la verdad y la vida,
Sé también, que es imposible ignorar este dolor.