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lunes, 1 de abril de 2019

Por volver a verla

Dime qué cosa hay en este mundo
que un hombre enamorado
no haría por una mujer,
por volver a verla.

Siento un suave dolor en mi pecho,
como si Dios presionara levemente
con la santa palma de su mano,
lo suficiente para dejarme aún con vida.

De modo que yo no pueda dejar de sentir
un amor cada vez más profundo hacia ella,
como un fuego que crece implacable
y se aviva implorando su presencia.

El cansancio terrible de mil viajes,
el temor en profundas tinieblas,
cualquier dolor sobre esta tierra,
por volver a verla.

Itzel Aranzazú Robles Cano

jueves, 7 de febrero de 2019

Una firme declaración

No recuerdo muy bien algunas cosas importantes,
y tampoco se mucho de lugares fascinantes,
pero reconozco tu figura a la distancia
y esos rizos oscuros donde quiero perderme,
el adorable aroma de tu fragancia,
esa sonrisa tuya que cambia mi suerte
y el sitio seguro que hay en tus brazos,
la voz calmada que tanto adoro,
te sigo con mis palabras y mis pasos,
todo nuestro tiempo es un tesoro,
como los segundos justo antes de verte
luego de salir del trabajo
o antes de esa primera cita en el cine,
como una historia para nuestros hijos
tan solo un par de años después
de que me honres y me hagas tu marido,
como esa indefinida espera
hasta que nos conocimos,
amándonos de esta manera
sintiéndonos realmente vivos.

domingo, 9 de diciembre de 2018

Sagrario

Esta tarde es triste y llueve tanto,
como un lamento de mi memoria,
recuerdo el polvo sobre los estantes,
las cosas que eran y que desprecie,
el pasto crecido que ya no quiere mi atención,
aquellos espejos rotos y botellas vacías,
el brillo azulado de un coro de ángeles,
yo que descuide por completo la casa mía,
ya  nada es mío ni puedo robarlo,
ayer que decidí cuál era mi dicha
y hoy que solo vivo por estar vivo,
por eso esta tarde salgo apresurado,
sin abrigo ni besos de despedida,
camino entre las calles y callejuelas,
sin detenerme con nadie ni nada,
nada ni nadie se queda conmigo.

Y al estar de pie, con ganas de llorar,
frente a las colosales puertas,
quieto como si hubiera golpeado un rayo
y con una hambre inmensa,
me miran jueces bien abiertos que van saliendo
y pienso que ellos dicen con voces muy bajas
¿Quién será este hombre?
¿Qué tristezas le tienen tan enfermo?
O ¿Cuánto habrá tomado este infeliz?
Hace mucho que ya no bebo,
hace poco que ya no aguanto,
doy un paso y me adentro en la parroquia.

Me muevo entre las bancas y los nichos,
¿Quién de nosotros o de aquellos
podría erguirse hoy sobre un nicho?
Si no hay cosa material que nos sostenga,
si cada mujer y cada hombre se tiene
a sí mismo como  una verdad indecible,
una conciencia gris, sin temor ni dolor.
Al acercarme discretamente al altar
puedo contemplar esas manos,
las dos manos santas clavadas,
las espinas que atraviesan al hombre
y el rostro doliente que busca al Padre,
no encuentro consuelo,
ya no contengo el llanto
y me doy cuenta que una mujer me está mirando,
una mujer de carne y hueso,
que me mira con compasión,
como si yo recién me hubiera bajado de la cruz,
como si supiera perfectamente
cuanto dolieron las espinas y los clavos.

¡Oh dios mío!
De haber sabido antes que estabas aquí
quizás yo no hubiese sido indiferente,
aquí en este sagrario inmaculado
que es un refugio para el pecador
y que me mira como mi madre,
es que a veces de Dios,
uno necesita una madre.

¡Oh madre mía!
De haber sabido antes que te tenía,
tal vez yo habría sido mejor hijo,
mejor hermano, mejor padre
y ahora que me doy cuenta
de que nada de esto me fue ajeno
pero que por elección lo ignoraba,
quiero atenderlos a todos.

Quiero volver arrepentido a mi hogar
y ofrecerles a todos un acto sincero,
quiero calmar esta hambre de amor
y ofrecerles a todos un pan caliente,
a los estantes, el pasto y los ángeles
con la fe que había perdido, hasta hoy.

miércoles, 24 de octubre de 2018

Compromiso

Mujer, me he acostumbrado a ti,
a tu pelo, tus cejas y tus manos,
a todos tus dones e imperfecciones,
yo puedo ser yo, sin ti, antes y ahora,
pero te elijo a ti para ser juntos,
un ahora que persista en el tiempo,
sería entonces mía la dicha
al escucharte decir:
Yo te elijo a ti, amor mío.

lunes, 20 de agosto de 2018

El milagro de nuestra unión

Por la mañana te levantas sobre mis labios,
con dulces palabras que me hacen despertar,
tan radiante y tranquila como las flores,
que brotan para conceder su belleza,
solo respiro con el brillo de tus ojos
y puedo sentir tu confianza palpitando en mí,
mientras mi alma se regocija entre tus manos,
exhalando el milagro de nuestra unión.