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martes, 23 de enero de 2018

Las calles de la desolación

¿Cuáles habrán sido aquellos sueños o tales intenciones? Las cosas que tenían nombre se volvieron polvo sin descanso o restos de tumbas inquietas, sé que fueron hombres y mujeres devorados por codicia o consumidos de miseria, nadie tuvo un momento para recostarse y observar dentro de sí, pues cuando el reactor explotó las partículas de hidrógeno volaron a través de los edificios y los huesos, arrebatando la forma de todo cuanto conocía o entregando los despojos de una horrenda ciudad a donde no hay piedad, podría alegrarme de este desenlace, pensar incluso que se ha hecho justicia, yo que era antes uno de los predilectos despreciables de la sociedad, un estorbo viviente que hacia padecer repugnancia y desdén, un hombre del cual no se espera nada salvo por malas intenciones; cuando yo me acercaba a pedir una limosna la mayoría de las personas no se molestaba en fijar la mirada, la indiferencia alimentaba mi desesperación o adormecía mi esperanza, algunos otros me gritaban insultos e incluso golpeaban mi cuerpo o lastimaban mi espíritu y unos pocos me atendían ofreciendo una de las monedas que ahora perdieron su valor, incluso entre aquellos pocos podía yo ver en el reflejo de sus ojos, la vergüenza de un patético guijarro, ni la autoridad, ni la sociedad, ya ni yo mismo me tenía como un ser humano; merecía yo vivir de tal manera, se muy bien que con mis decisiones hice mi camino hasta las calles de la desolación; hoy podría yo sentir el consuelo en mi alma cansada o inquietud ante el aparente final, pero recuerdo que también había hombres sin culpa y mujeres inocentes, mil niños dormidos en la inmensidad, mi cuerpo tiembla y solo busco un refugio o un sentido mientras camino por las calles de esta ciudad muerta.

sábado, 10 de diciembre de 2016

Tiempos de justicia (microrrelato)

Tiempos de justicia

― Ya son nueve, nueve asesinatos en un mes señores, díganme porque aún no tenemos ni una jodida pista.
― Sabemos que es un grupo jefe, no discriminan género ni edad y solo atacan individuos que son miembros de las esferas del gobierno, algunos miembros de la asamblea, incluso los nietos del alcalde.
― Quiero agentes por todos lados hasta que encontremos a esos infelices. He tú, Rafa, has algo útil y sal a la calle que para eso te pagan, el único detective de la comisaría y es un bueno para nada. Muévanse ya señoritas, con un demonio.

Tomé el arma de mi escritorio, a un lado estaba Marcos.
― Estoy enfermo de este trabajo Marcos, en serio quisiera renunciar.
― Esto es más grande que nosotros Rafa, tenemos que hacer justicia, es lo que importa. Si no fuera por nosotros esta ciudad se iría aún más al diablo.
― La justicia es para los que pueden pagarla.
― Lo que tú digas, yo aún creo en esta ciudad, sólo tenemos que hacer nuestro trabajo.
― Ese es tu problema, no sabes para quien trabajas.

Me miró fijamente pero sin responder, luego se volvió. Salí de la oficina rumbo a mi auto en el estacionamiento, eran las 12:45 am, subí a mi auto para pensar un poco.
― Presiento que hay un topo aquí, pero no me sorprendería que más de uno esté involucrado.
Sentí el frio cañón en mi nuca.
― Conduce, vamos a dar un paseo.
Encendí el auto y salimos despacio. No se cómo no pude verlo antes de subir, lo miré por el retrovisor, era un chico, 26 años a lo mucho, descubierto como si no le importara.
― ¿A dónde vamos? ― Le pregunté.
― Eso no importa, lo único que importa es el mensaje, voy a matarte y entonces ellos entenderán que ya no tienen el control.
― ¿Por qué están haciendo esto chico?
― De todas formas ya estás muerto, en verdad que son unos malditos. Hace seis meses el gobierno asesino a 9 personas en una manifestación, callaron todo pero esto ya se terminó. Nosotros somos más.
― Lo recuerdo, esa situación se salió de control. ― Segui conduciendo, aumenté poco a poco la velocidad.
― Lo único que nosotros estamos haciendo, es justicia, yo estoy del lado de los buenos.
Gire mi cabeza hacia él, pude notar que estaba agitado.
― ¿Quién carajo te dijo que tú eras el bueno? ―Aceleré, hice un giro y choqué el auto al momento que le mordí la mano, pude haberle arrancado los dedos, tiró su arma y antes de salir del auto la cogí. ― ¡Para imbécil!― Grité.
Comenzó a correr así que le dispare y cayó al suelo. Llame por la radio y corrí hasta él, lo acomode para que no se desangrara, me miró y dijo ―Ya no importa nada agente, estamos todos jodidos.
Espere hasta que llegaran los paramédicos, dijeron que la herida fue mortal pero no era verdad, simplemente se deshicieron de él. Tres días después un tiroteo dejo dos oficiales y cinco civiles muertos, el chico tenía razón.
Estoy enfermo de este trabajo.