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domingo, 10 de febrero de 2019

Gárgola

Oculta entre las piedras y los peatones
hay una voz que el tiempo desordena,
una vigilante cautiva
y segura de ser libre,
encargada de no intervenir
ante las caras de espanto
que son arrojadas al aire
por el pobre y necesitado,
no sufre ni conoce el placer,
solo la vigilia inmutable
y abrazada por el óxido,
una causa que no entiendo ni soporto
mientras me toca con sus ojos de metal.

martes, 18 de diciembre de 2018

Expedición final

Eres la reina perpetua de la naturaleza salvaje,
raíces que se pierden bajo la tierra para tocarte,
las fieras rugen ocultas entre la maleza
suplicando tu respuesta,
mientras el plumaje hermoso de las aves
pretende imitar tu piel.
Dime, ¿qué embrujo invisible tiene tu voz sobre la selva?
¿Cuál es tu nombre en medio de la noche diamantada?
He de confesarlo ahora
pues temo por mi vida
y sé que de seguir aquí
a la intemperie de tus deseos
no sobreviviré las horas,
he sido yo el explorador indiscreto,
buscando la naturaleza viva de tu ser,
he sido yo el profanador de la tierra,
insolente guiado por curiosa devoción
hacia la belleza indecible
en el seno de lo oculto,
listo para descifrar el misterio,
aún si me devoran tus fauces.

viernes, 26 de octubre de 2018

Soñé que era un árbol

Vino a mí como una alondra triste a media mañana,
yo era un árbol silente de ojeras largas y ramas cansadas,
se posó y no me opuse,
pude haberla despedido:
¡Vete lejos! No añadas más peso a mi cuerpo,
yo ya entregue mis frutos y merezco descanso.
Pero no lo hice,
la deje estar,
me miró con unos ojos de quien no entiende el mundo,
ni el dolor, ni la muerte,
–Oh pequeña ave –pensé–.
¿Qué maldad habrán descargado sobre tu espíritu?
¿Con que afilado puñal han atravesado tu corazón?
–Oh Señor árbol –me dijo–.
No sé porque lo ha hecho,
un niño me ha lanzado una piedra,
estoy herida pero yo no hice nada,
no lo entiendo.
–Es el hombre
–conteste–. No tiene remedio,
aquel espectro de luz,
millones de años atrás,
no lo ha dejado germinar,
y si acaso esa luz llegara a brotar,
no creo que estemos aquí para verla.
Pero tú tienes un don,
eres libre y pequeña,
yo estoy aquí, inmóvil.
Este es mi cuerpo, esto el tuyo,
yo doy vida, tú la transformas,
a través de ti, el universo canta,
no te desveles como yo
en cambiar el ritmo de las cosas,
de todo cuanto hay, llegará la hora,
somos la musa, la herida, el olvido.
–Lo entiendo –me dijo–.
–Duerme ya –le ordene–.
Desperté.