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lunes, 1 de abril de 2019

Por volver a verla

Dime qué cosa hay en este mundo
que un hombre enamorado
no haría por una mujer,
por volver a verla.

Siento un suave dolor en mi pecho,
como si Dios presionara levemente
con la santa palma de su mano,
lo suficiente para dejarme aún con vida.

De modo que yo no pueda dejar de sentir
un amor cada vez más profundo hacia ella,
como un fuego que crece implacable
y se aviva implorando su presencia.

El cansancio terrible de mil viajes,
el temor en profundas tinieblas,
cualquier dolor sobre esta tierra,
por volver a verla.

Itzel Aranzazú Robles Cano

miércoles, 27 de marzo de 2019

Admiración

Quisiera saber por qué es usted tan valiente
quién le ha otorgado tan dulces dones
y le ha confiado el secreto de la dicha sincera
que se refleja en su tono y en su andar.

Cuando habla, caballeros y damas escuchan con atención
despertando el asombro en más de alguno
por la pulcritud y agudeza de sus comentarios,
nadie queda indiferente después de su charla amistosa.

Incluso en las reuniones acepta sus errores con gracia y decoro
de modo que quien le corrige lo hace con la debida amabilidad
y su propia gentileza para con pudientes y humildes
le ha forjado su muy notable y humana reputación.

Ante la envidia ruin y sus necias habladurías
usted guarda un silencio de gran dama
y con una mirada de absoluta dignidad
ya ha probado sin lugar a dudas su inocencia.

Si se le ve triste es por algo de suma importancia
y al poco tiempo hace más que cortar flores,
ya ha resuelto como encarar y sobrellevar la pena
por eso se tienen de invaluables sus consejos.

Si yo fuese tan solo un poco parecido a usted
si tuviera su ánimo y entereza,
entonces le diría cuanto la admiro y la amo
sin miedo ya de ser yo mismo.

lunes, 3 de diciembre de 2018

Claustro

Un patio cuadrado con cuatro rostros familiares,
cuerpo, intelecto, espíritu y su relación fuera del yo,
encierra al hombre en toda su dimensión,
le resguarda y le da acceso al mundo y sus inquietudes,
en el centro, sobre una imponente fuente de granito,
la Inmaculada Concepción ofrece su fiel oración,
guiando a los frailes desde maitines hasta completas,
solemne incienso que huele a casa amada,
y la sombra de un árbol que recoge regalos frutales,
el penitente recorre el claustro, sin prisa,
como un niño que visita la casa solariega,
admira con asombro las altas arquerías,
descansando sobre columnas y dobles columnas,
cada piedra esta bendita y guarda en si un secreto,
una promesa invisible y misteriosa,
tanto que ni él mismo advierte su naturaleza,
sin advertencia, desaloja el silencio
por aquel murmullo quedo de la confesión,
y el penitente se marcha,
a veces algo preocupado,
de si lo habrá dicho todo
o si acaso volverá mañana,
el claustro le parece como una estancia,
ubicada entre lo mundano y lo sagrado.