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domingo, 28 de julio de 2019

Disculpa pública

Pido perdón al lenguaje y las palabras
por este cruel tormento indecible.

De quien se atreve a poner desorden
a medir con lenguas las sílabas
mutilar estrofas, profanar la rima
de quien persigue deseo insufrible
que se levanta y ahoga los sentidos
agita las manos, balbucea latidos.

Ayes y ayeres indescifrables
ies y aes para sumar caprichos.

Cuántos son los versos
diciendo nada o casi nada
porque algo falta, porque le harta
cuantas las veces que se dice
escribo para mí, para mi alma
y el alma no se entera todavía.

Estamos pensando la misma cosa:
piedad y conciencia, piedad y consuelo.

Pero no es culpa del que sueña
ni del cielo o de la nueva era
es un castigo irrevocable
es un don para bien y mal
de aquel que escribe y canta
que nada ni nadie debe callar.

miércoles, 10 de julio de 2019

Simbiosis

Cara luna
lengua flor
árbol piel
luz razón.

Ante caer
sin sentir
tras correr
por morir.

Ya retórname
maldad duerme
corazón.

Ya despiértame
gracia juega
colibrí.

miércoles, 15 de mayo de 2019

Bienvenida

Dos patas que arañan la puerta de la entrada
cuando sus finos sentidos perciben la llegada,
un paso más y estalla la eufórica bienvenida
otra pequeña razón que da sentido a la vida.

lunes, 15 de abril de 2019

El deseo de los amantes

Alma mía, cada vez pesa más este corazón,
habrá lechos que exhalen sin consuelo
frente a los hondos abismos del dolor
y las inmensurables alas del tiempo.

Habrá senderos que amenacen la vida
con estrechas e inclinadas pendientes
sepultadas por el resplandor de la nieve.
¡Brumas y lluvias que entorpecen los sentidos!

Seamos nosotros como grandes antorchas encendidas
cuya luz conduce a la estancia segura
y su calor otorga el consuelo amoroso
que ningún viento podrá jamás extinguir.

Seamos como dos partes de un solo verso
escrito bajo el crepúsculo azul y dorado
que un ángel habrá de venir a anunciar,
¡Sea nuestro este deseo ardiente de infinito!

viernes, 8 de febrero de 2019

Arte divagante

Quizás, alguna vez, en un honesto y moderado estudio
hubo, una figura, una obra de arte que
si bien, ella se sabía genuinamente hermosa,
nadie, ni el autor cuyo nombre no interesa
y mucho menos ella, sabían a ciencia cierta lo que era,
si acaso una escultura venida de otro tiempo,
o una pintura cargada de simbolismos elevados,
una obra interactiva capaz de escuchar el pensamiento,
una partitura que ya muy pocos podrían reproducir,
o un poema sobre las hormigas y los granos de sal,
ahí ella, pretenciosa de todo, víctima de nadie,
tanto asombraba los sentidos pues
su cuerpo tenía una forma tal
que era indecible y prodigiosa,
si tenía comezón en la nuca se rascaba con los codos
y se mordía las pestañas cuando andaba aburrida
sus pies la cubrían del sol y la lluvia
y las flores de su cintura lloraban piedras
su risa contagiosa como una charla entre hienas y loros
y ese rostro que embona bien con todo nombre,
nadie tan hermosa como ella
nadie tan elaborada, permanente, original,
mística y profunda, magnífica,
alguna vez, en un honesto y moderado estudio, quizás.

martes, 22 de enero de 2019

Decálogo

La poesía es la palabra que no miente,
cubierta por una fina capa de hermosura,
en el fondo destellan los deseos indecibles,
el miedo incurable y las esperanzas del poeta,
sus pecados perdonados,
el aroma de los suspiros
y el origen de sus desvelos,
llegan a través de los sentidos al lector,
tomando mil formas diferentes,
igual o más puras y valiosas.

domingo, 30 de septiembre de 2018

Intruso

En una ocasión yo pude verlo, yo fui testigo,
por eso puedo respaldarte querida amiga,
hace mucho y también ocurrió por la noche,
luego de llegar cansado de mi oficina,
después de mirar mi dolor y acostarlo,
termine mis rituales y borre mis huellas
para ensuciar de nuevo todo mañana,
luego trate de dormir pero no encontré sus brazos,
ya nada es igual en esta casa,
todos los cuadros están inclinados
y cada tierna imagen se cae de nostalgia,
aquel cálido recuerdo de su cuerpo vivo,
la brisa salada rasgando nuestra piel,
el sonido de las gaviotas a la distancia,
es un llamado perpetuo a mi tristeza,
todas mis noches el mismo desvelo,
hasta que actúan los medicamentos,
otorgándome el cansancio para dormir,
una vez arropado en mi cama,
a punto de penetrar el sueño,
un presentimiento me asalto,
como si estuviera siendo acechado,
abrí mis ojos y levante el torso,
fue entonces cuando pude verlo,
se presentó en mi hogar como gran señor,
aquel mismo intruso que tú describes,
el mismo fenómeno del que me hablas,
un orbe de luz flotando en la habitación,
solo que a diferencia de ti amiga mía,
aquella luz no atravesó mi cuerpo
ni me hizo volver pronto al sueño,
no, más bien pude ver como se extendía,
como un estambre anaranjado, 
desenredándose en mi habitación,
una línea horizontal y serpenteante
que se construía frente a mis ojos,
no recuerdo ver el comienzo de esa línea,
solamente su terrible avance sin prisa,
luz naranja a poco más de un metro de mí,
flotando de izquierda a derecha,
creció hasta casi tocar la pared y se detuvo,
ahí fue cuando deje de sentir mi cuerpo,
la pesadez me lo fue arrebatando
y quise entregarlo por fin al sueño,
dormí o eso pensé, perdí la conciencia
en un espectro de luz naranja
que me lanzo a los rincones difusos
repletos de sensaciones fantásticas,
me hundí hasta disolver los espejos,
exhalé todos mis lamentos sin darme cuenta,
contemplando mi cuerpo ahogado en la arena
y como todas las piedras reflejaban la luz naranja,
me perdí y después de un tiempo desperté,
sentado al borde de mi cama y ahí estaba ella,
entregada a mí por aquella luz indiscreta,
yo la vi, era ella sentada a un lado de mí,
estire mi mano para tocar su rostro
y la alcanzo para ponerla sobre su pecho,
sentí latir un ritmo de dulzura serena
llevándose así mi dolor para siempre,
sus ojos amorosos penetraron los míos
mientras su perfume impregnaba la habitación,
solo entonces pude acostarme para dormir,
bajo el arrullo de su voz, bálsamo divino
y su mirada protectora acudiendo a mí,
ella mi ángel, mi corazón y mi calma,
volvió por una noche
como un intruso
de resplandor naranja.

jueves, 15 de marzo de 2018

¿De qué manera escribo?

Cuando escribo yo soy yo,
no escupo palabras ni vomito viseras,
tampoco devoro flores ni vivo con mariposas,
no quepo en complicadas métricas
ni en las definiciones,
poseo todas las formas del ser
y vivo en todas las experiencias,
me pierdo en lo más sencillo,
no poseo el resplandor de los maestros,
pero mi luz fulgura como el diamante,
siento las palabras en cada voz que escribo,
así como las piedras entre mis dedos
y la brisa silbando a mis oídos,
me entrego a cada verso,
hasta romperme los huesos,
hasta acariciarme el alma
y abandonarme con los sentidos
a la manifestación de la palabra,
cuando escribo soy común y verdadero.