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lunes, 30 de marzo de 2020

Senescencia floral

Con fervor dio a su tiempo muy fecundo,
el Androceo de polen sus tercetos,
hoy mi cuerpo se encorva frente al mundo.

Recordar lo que estaba en la conciencia,
voz que nace del abismo iracundo,
madre que otorga su reminiscencia.

Corola, hoja y fruto flotan en el río,
saber que no es muerte mi senescencia,
otra floración brotará en el vacío.

Senescencia floral

lunes, 2 de septiembre de 2019

Lejos de Calipso

Si conocieras los males que te aguardan,
te quedarías conmigo para ser inmortal.

Sobre la balsa en pos de su hogar,
el héroe navega y se enfrenta al mar.

Lejos de Calipso, dispuesto a morir,
canta el aedo el canto del regreso.

Cielo nocturno de vientos helados
su balsa devoran las olas furiosas,
y la espuma carcome sus huesos
cuando es lanzado sobre las rocas.

Lejos de Calipso, dispuesto a morir,
canta el aedo el canto del regreso.

Un río piadoso le permite entrar,
arrastrarse a la orilla y la tierra besar.

domingo, 21 de julio de 2019

Precipitación

Las gotas que fulminan el suelo
atraviesan pieles de ladrillo,
son todas como flechas de caza
destinadas a la bestia mansa
víctima de fortuita piedad.

El agua que corre por el atrio
hilvana sus cuerdas invisibles
tajadas por terribles pisadas,
se forman ondas, nuclean burbujas
voces que retornan a su cauce.

La basura sombra que se estanca
un rugido grave que ensordece
los propios instintos animales
nos exigen volver a las cuevas,
no pueden tocarme, estoy distante.

sábado, 2 de marzo de 2019

Distancia

Hay un puente y un río
dónde tu alma danza desnuda,
cruzaré con el amanecer
y nos volveremos polvo perlado,
flotaremos con el viento y
caeremos al río que nos consumirá.

domingo, 16 de diciembre de 2018

Milagro

Recién estallaban los cañones,
¡Viva Cristo Rey!
El filo de la espada resplandecía
cegando los ojos de campesinos
que esperaban el torrencial de septiembre
días de lluvia que no pararon,
hasta que el río Lerma desbordó,
tierras inundadas y asentamientos devastados.
¡Suban a los techos, ahí viene el río!
Gritaban con espanto hombres y mujeres,
con gran pesar miraban el agua y el tiempo correr.
¡Que salga la Reina!
Madre del Salvador,
que nos proteja su imagen bendita,
llevaron a la Virgen del Refugio en procesión,
y al asomar la luz de su rostro
cruzando por el arco central
del extenso atrio parroquial,
el ímpetu de las aguas se calmó
descendiendo pronto su nivel,
como si el brillo azulado de su manto
anunciara el final de una noche segura
y el Sol que ella cargaba en sus brazos
proclamara un nuevo y próspero día.
Aquel milagro que salvó al pueblo
renovó la fe de sus habitantes
y es bien sabido hasta el día de hoy
que tenemos un refugio en su corazón.