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viernes, 26 de octubre de 2018

Soñé que era un árbol

Vino a mí como una alondra triste a media mañana,
yo era un árbol silente de ojeras largas y ramas cansadas,
se posó y no me opuse,
pude haberla despedido:
¡Vete lejos! No añadas más peso a mi cuerpo,
yo ya entregue mis frutos y merezco descanso.
Pero no lo hice,
la deje estar,
me miró con unos ojos de quien no entiende el mundo,
ni el dolor, ni la muerte,
–Oh pequeña ave –pensé–.
¿Qué maldad habrán descargado sobre tu espíritu?
¿Con que afilado puñal han atravesado tu corazón?
–Oh Señor árbol –me dijo–.
No sé porque lo ha hecho,
un niño me ha lanzado una piedra,
estoy herida pero yo no hice nada,
no lo entiendo.
–Es el hombre
–conteste–. No tiene remedio,
aquel espectro de luz,
millones de años atrás,
no lo ha dejado germinar,
y si acaso esa luz llegara a brotar,
no creo que estemos aquí para verla.
Pero tú tienes un don,
eres libre y pequeña,
yo estoy aquí, inmóvil.
Este es mi cuerpo, esto el tuyo,
yo doy vida, tú la transformas,
a través de ti, el universo canta,
no te desveles como yo
en cambiar el ritmo de las cosas,
de todo cuanto hay, llegará la hora,
somos la musa, la herida, el olvido.
–Lo entiendo –me dijo–.
–Duerme ya –le ordene–.
Desperté.

domingo, 29 de julio de 2018

Pobre hombre

Soy pequeño y me compadezco,
reconozco y expreso mi sufrimiento,
en tristes palabras que me recuerdan otros tiempos,
me oscurezco y mi mente se queda en ecos dispersos,
qué fácil es mirarse y sentir lástima propia,
qué confortable es estremecerse en la miseria,
y solicitar al cielo una bendición,
y esperar sin ninguna otra acción,
pero qué difícil es ver la miseria ajena,
enterarse y compadecerse del hombre,
qué difícil escuchar el dolor y la pena
¿Quién de nosotros merece ser pobre?

domingo, 24 de junio de 2018

A los poetas no reconocidos

Vino para el mundo con ojos de dolor,
llegaron desde lejos un coro y una luz
que se precipitaron sobre su rostro,
ellos lo ignoraron y a nadie le importo.

Con el paso del tiempo la miseria lo cerco,
su padre dijo basta y nunca regreso,
la muerte se anunció ante su último amor,
se supo abandonado y decidió partir.

Ya con la mirada llena de estrellas muertas,
se sintió ilusionado y despertó con todas ellas,
por fin en su interior halló fuerzas para crear,
se dedicó a darle a las cosas nuevas formas.

Como una flecha puntiaguda él se manifestó,
atravesando así la más sensible tela del cuerpo,
convirtiendo en imagen los sonidos de su voz
y con sensible mano hizo brotar letras del suelo.

Difícil entender para aquella sociedad,
románticas tinieblas burlándose de lo racional
ninguno se apiado de tanta soledad,
así entrego su obra y su salud al delirio mortal.

Y al transformarse en éxtasis
hizo morir la luz y término la espera,
ahora con su cuerpo ya disuelto,
se dio al final de alimento a las raíces.

Tan solo un verso más para reír y llorar,
la última caricia para un mundo sin pasión,
muere en la distancia con la boca seca
y un alma de papel para leer años después.