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sábado, 18 de mayo de 2019

Cosmonauta

Bajo el resguardo de ojos infinitos
me agito en la soledad más elevada,
desconocido de todas direcciones
flotando en algún punto del cosmos,
salvando esta cruel inmensidad
que paraliza la imaginación
y desregula el pensamiento
siento perderme en la negrura,
olvidar mi historia y mi nombre
mientras mi cuerpo se extiende
hacia la bastedad inexplorada
lejos de los sofás y televisores,
la luz solar me atraviesa piadosa
y una sonrisa se refleja en mi casco
tal parece que todo lo hizo bien,
respiro y cierro los ojos para dormir.

jueves, 9 de mayo de 2019

Anochecer

Sostuve su mirada cuando se callaron las luces
y nuestros ojos se encendieron en la oscuridad
ella dejó sobre mis labios dos duraznos dulces
yo escribí su nombre en un verso para la eternidad.

sábado, 19 de enero de 2019

Sombra

Sensual suspiro,
gélido en tu oído
como navaja.

Orquesta caos
ante toda materia,
si ella baila.

Mueve los hilos
sobre el escenario,
desde abajo.

Bufonería tal
que nada en la sopa
de aquel gran rey.

Recorre calles
sucias de miedo vivo,
cabalga la luz.

A todas horas
la puedes perseguir
sin alcanzarla.

domingo, 21 de octubre de 2018

Sabiduría

¿Quién hay que sea sabio en este mundo?
Alguno que sepa anunciar lo que está oculto,
todos nacemos sin entender,
no hay maestros entre nosotros,
solo viento de orígenes remotos,
sopla y hace a las hojas caer,
luces entran y salen por los ojos,
poco tiempo hasta el anochecer,
tenemos miedo a las garras y a la oscuridad,
solo en asistencia divina se contempla la verdad.

domingo, 29 de julio de 2018

Pobre hombre

Soy pequeño y me compadezco,
reconozco y expreso mi sufrimiento,
en tristes palabras que me recuerdan otros tiempos,
me oscurezco y mi mente se queda en ecos dispersos,
qué fácil es mirarse y sentir lástima propia,
qué confortable es estremecerse en la miseria,
y solicitar al cielo una bendición,
y esperar sin ninguna otra acción,
pero qué difícil es ver la miseria ajena,
enterarse y compadecerse del hombre,
qué difícil escuchar el dolor y la pena
¿Quién de nosotros merece ser pobre?

martes, 19 de junio de 2018

Los ruidos de una casa vieja

Estoy esperando por una señal,
algo fuera de mí, que no entiendo,
estoy sumergido en estas horas,
hasta que los ruidos me asaltan.

Puedo escuchar desde este muro
sonidos sin origen ni ritmo,
llevándose mi cuerpo de atril
hasta el zaguán, los pasillos y más allá.

Me hacen correr por el enorme salón
donde otro tiempo pude dormir,
donde cada retrato se vuelve ficción,
pieza retocada de una memoria infiel.

Los ruidos aceleran mis pasos torpes,
apenas libro las monstruosas reliquias,
ya bajo por las maltratadas escaleras,
todas las puertas se quedaron abiertas.

Pero no la reja entre el zaguán y la calle,
quedó clausurada en un solemne acto,
del cual ya no hay testigos ni detractores,
solo un obstinado rostro, indistinguible.

Como una mancha indeleble sobre la tela,
porta una de esas muecas aterrorizantes,
de aquellas que uno no puede ignorar,
pues nos cuentan una historia verídica.

Esta historia en particular,
no tiene un desenlace conocido,
un montón de palabras flotando,
volviendo por el vestíbulo.

Me quedo aquí, en el patio interior,
quiero quedarme cuidando el jardín,
donde la noche ignora los lamentos,
me observa y a estas cosas valiosas.

Que de algún modo aún están vivas,
detrás de las ventanas, en los pasillos,
bajo la cama y adentro de las lámparas,
la noche los atiende a todos, menos a mí.

Se quedan dormidas entre las grietas,
canciones de una herencia desconocida
y brotan musgo y ramas con hojas
que trepan discretas las paredes.

Estas paredes se han vuelto tan delgadas,
incluso una persona podría atravesarlas,
los ruidos se vuelven pasos y luego voces,
voces sin conciencia, ni prisa ni deseos.

Escapan de los rincones de la casa,
cerrándose a mi alrededor como una garra,
una pesada, lenta y constante gota de agua,
perforando con fuerza incorpórea.

Algo que es un destello prohibido,
algo que se extiende hasta morir,
sin tocarme, perdiéndose en la ligereza de mi cuerpo,
reagrupándose para volver a desfilar hacia las llamas.

Se dejan caer sobre mí
y cada una de esas voces
se vuelve un sufrimiento
momentáneo y agudo.

No queda un solo cuerpo cautivo
pero aún se pueden contemplar,
los gritos incendiando corredores,
signos insufribles que no tienen final.

Puedo hablar con una voz
que ya no es corpórea,
he comenzado a entender
que soy como una imagen desenfocada.

Que apenas se pronuncia
en la inmensa oscuridad,
como letras que no se borran del papel,
sin importar cuanto tiempo pase.

Siguen ahí, aunque tú no las puedas ver,
ni escucharlas y tampoco sentirlas,
aun así, en ciertas ocasiones,
pueden volver como poemas olvidados.

Solo sus habitantes conocen bien,
los ruidos de una casa vieja,
solamente una casa tan vieja,
puede ser habitada por tantos fantasmas.

La distancia entre todas estas imágenes,
a pesar de estar encerradas aquí,
es algo que las vuelve inalcanzables,
me muevo a través de una soledad eterna.

lunes, 12 de marzo de 2018

Terpsícore

Los latidos se escurren sobre los muros,
como si sus pasos quisieran dejarnos,
ella baila,
baila teñida con la luz.
Todos los huesos de los cuerpos,
se desvanecen en el humo,
ella baila,
baila ceñida con la oscuridad.
Las sensaciones se desbaratan
y se mueven con la voz el arpa,
se desdoblan en mí,
cuando ella baila.