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viernes, 5 de julio de 2019

Abrir la puerta

Recuerdo el primer verso,
una inocente rima
dentro de tu universo.

Rogar porque me vieras,
al escuchar llamada
bajar las escaleras.

Oh mi abundante suerte,
tú sales para abrir
y yo al fin puedo verte.

Tú y yo un juego inventamos,
sin palabras ni prisas
y nos enamoramos.

jueves, 25 de abril de 2019

Me han convencido

Palabras
para merendar las horas
palabras
para crear nuevos recuerdos
palabras
para cruzar los puentes
palabras
para librarse del mal
palabras
para acariciar los oídos
palabras
para contar nuestra historia
palabras
para disfrutar la vida.

jueves, 14 de febrero de 2019

Las calles de una ciudad

Escúchame un poco de amor infinito,
breviario de una extraña felicidad,
de alguien que gusta de hablar solo,
de aquel encanto que sueles usar,
cuando voy a buscarte
y vienes a encontrarme,
antes de que todas las luces se apaguen
en esas calles que yo aún no he visto,
que te encantan cuando no queda nadie,
y lees todas las cosas que te escribo.

sábado, 2 de febrero de 2019

Tu presencia en mi

Te veo en todas partes,
en los parques, en la avenida y la estación,
como un dulce obsequio,
un resplandor discreto e inconfundible
procurándome el deleite,
exaltando mi imaginación con su brillo
que se perfila inocente,
siempre a través de las cosas comunes,
la espera pacífica y larga,
la carga pesada y preciada,
en los rostros de amigos y extraños
y aquel gesto noble y despreocupado,
en el reencuentro emotivo
y aquel encanto nocturno
de las calles dormidas,
tu amor se ha quedado en mi
como un perfume hecho al gusto,
de forma tal que ningún evento
podría sacarme ya de este hechizo.

viernes, 1 de febrero de 2019

Última misión

Te escribo para no sufrir más,
pretender que yo y mis letras
salimos de este desierto
sin borrarnos, sin heridas mortales
sobre el cuerpo de papel,
que cruzamos el océano
en una barca segura y bien diseñada,
navegando, no dormidos,
que viajamos por el país
de las máscaras de estrellas sin patria,
sin ser acusados de traición
y que llegamos a tus tiernos brazos
y nos miras con esos ojos de madre.

Ojalá que tu promesa siga viva
y no te hayas metido en asuntos
de esas personas imperdonables
con sus destrezas y habladurías,
te prohibí esos males en tu vida
porque no soportaría verte infeliz,
por favor dame el preciado consuelo
de saber que si me has escuchado.

Pronto tendré que salir de nuevo
hacia el terrible campo de batalla
y me han dicho que por gracia divina
esta será nuestra última misión.

Aguarda un poco más y volveré,
aún si se vuelve fría esta espera
te prometo que me verás llegar,
ligero, ya sin miedo y sin armas.

domingo, 6 de enero de 2019

Epifanía

Era ya la víspera de la epifanía o bien día de reyes, es igual. Yo estaba cansado y orgulloso por el trabajo que había hecho, sentado en mi sillón favorito contemplando mi propia obra de arte, ningún niño despierto a causa de algún ruido extraño en la sala, las cajas colocadas junto a los zapatos con una simetría perfecta, me sentía como un director famoso que había preparado todo para la escena perfecta, ya solo quedaba esperar unas horas. Habrá sido por todo el trabajo de la semana pasada, conduciendo por todas partes, quizás fue que tomé ese vaso de leche caliente o simplemente que ya era tarde, como sea caí rendido en mi cómodo sillón y me dormí.
De pronto escuche como si una puerta se abriera pausadamente, todas las puertas en esta casa rechinan como cachorros escandalosos, esa era mi señal, pasos sigilosos recorriendo el pasillo mientras me escondía en la cocina y entonces…
Nada, nada ni nadie, ni un solo niño curioso entrando en la sala, deje mi escondite para ver que tramaban pero estaba solo, las galletas que no me comí sobre la mesita y la obra maestra intacta. Me sorprendí mucho pues nunca tardaban tanto en bajar, ya casi amanecía y entonces lo vi, un niño Dios en la mesita, me salió ayer en la rosca pero creí que lo había guardado en la cocina, al tomarlo me llene de nostalgia, escribir mi carta y esperar a mis reyes magos, esa tierna infancia que no deseo olvidar. Entonces pude ver una luz en el pasillo, ahora si eran ellos pensé, pero no me dieron tiempo de esconderme cuando una estela de luces coloridas entro a la sala, todo quedo iluminado de rojo, azul, de morado y de rosa, verde y naranja como una bandera que ondea por el viento pero sin viento, sin lógica posible, pude ver que marchaban como en un desfile montones de juguetes, guiados por la estela de luces entraron a la sala, primero un pingüino “no me caigo” luego miles de bloques para armar, muñecas de vestidos brillantes, patos bailarines y caballos que rebotan, un avión a control remoto que daba vueltas por la sala, súper héroes sonrientes y dinosaurios enormes rugiendo, bicicletas de colores, patinetas y patines con cascos, rodilleras y coderas, castillos de princesas y príncipes, peluches adorables y figurines coleccionables, balones y pelotas rebotando, trenes encarrilados y autos de carreras con pistas que se armaban solas para una carrera interminable, todo esto frente a mí, sin poder explicarlo yo quede maravillado, asustado, asombrado, no sabía qué hacer, ahora sí que los niños bajarían a ver todo este alboroto, robots haciendo ruido a la par de naves voladoras, guitarras y baterías tocando rock and roll, libros electrónicos para jugar, aprender y colorear, juguetes de todos tamaños, formas y colores, y al final de todo este espectáculo dos marcos pequeños entraron bailando, mi curiosidad me hizo levantarlos y al ver las fotos no pude contener el llanto, en una estaba yo, era una foto mía a los 7 años, una foto que creí había perdido y en la otra una foto donde estábamos todos, yo, mi hijo, mi hija y mi difunta esposa, una foto que había escondido hace tiempo. Había dejado que mi tristeza me quitara los bellos recuerdos de mi familia y de mi propia infancia, pero esa mañana estaba contento como nunca antes. Entonces alguien saltó sobre mí y desperté, era mi hijo.
-Papá ya llegaron los reyes, se comieron todo y dejaron todo muy acomodado-
Todo el espectáculo había desaparecido y solo quedaban mi obra de arte y dos marcos pequeños en la mesa.
-¿Eres tú papá? Cuando eras niño y también está mamá con nosotros-
-Que increíble, nunca habíamos visto esas fotos papá-
-¿Quién las dejo aquí papá?-
-Fueron los reyes magos mis niños.-
Aún en este tiempo hay lugar para creer.

domingo, 30 de septiembre de 2018

Intruso

En una ocasión yo pude verlo, yo fui testigo,
por eso puedo respaldarte querida amiga,
hace mucho y también ocurrió por la noche,
luego de llegar cansado de mi oficina,
después de mirar mi dolor y acostarlo,
termine mis rituales y borre mis huellas
para ensuciar de nuevo todo mañana,
luego trate de dormir pero no encontré sus brazos,
ya nada es igual en esta casa,
todos los cuadros están inclinados
y cada tierna imagen se cae de nostalgia,
aquel cálido recuerdo de su cuerpo vivo,
la brisa salada rasgando nuestra piel,
el sonido de las gaviotas a la distancia,
es un llamado perpetuo a mi tristeza,
todas mis noches el mismo desvelo,
hasta que actúan los medicamentos,
otorgándome el cansancio para dormir,
una vez arropado en mi cama,
a punto de penetrar el sueño,
un presentimiento me asalto,
como si estuviera siendo acechado,
abrí mis ojos y levante el torso,
fue entonces cuando pude verlo,
se presentó en mi hogar como gran señor,
aquel mismo intruso que tú describes,
el mismo fenómeno del que me hablas,
un orbe de luz flotando en la habitación,
solo que a diferencia de ti amiga mía,
aquella luz no atravesó mi cuerpo
ni me hizo volver pronto al sueño,
no, más bien pude ver como se extendía,
como un estambre anaranjado, 
desenredándose en mi habitación,
una línea horizontal y serpenteante
que se construía frente a mis ojos,
no recuerdo ver el comienzo de esa línea,
solamente su terrible avance sin prisa,
luz naranja a poco más de un metro de mí,
flotando de izquierda a derecha,
creció hasta casi tocar la pared y se detuvo,
ahí fue cuando deje de sentir mi cuerpo,
la pesadez me lo fue arrebatando
y quise entregarlo por fin al sueño,
dormí o eso pensé, perdí la conciencia
en un espectro de luz naranja
que me lanzo a los rincones difusos
repletos de sensaciones fantásticas,
me hundí hasta disolver los espejos,
exhalé todos mis lamentos sin darme cuenta,
contemplando mi cuerpo ahogado en la arena
y como todas las piedras reflejaban la luz naranja,
me perdí y después de un tiempo desperté,
sentado al borde de mi cama y ahí estaba ella,
entregada a mí por aquella luz indiscreta,
yo la vi, era ella sentada a un lado de mí,
estire mi mano para tocar su rostro
y la alcanzo para ponerla sobre su pecho,
sentí latir un ritmo de dulzura serena
llevándose así mi dolor para siempre,
sus ojos amorosos penetraron los míos
mientras su perfume impregnaba la habitación,
solo entonces pude acostarme para dormir,
bajo el arrullo de su voz, bálsamo divino
y su mirada protectora acudiendo a mí,
ella mi ángel, mi corazón y mi calma,
volvió por una noche
como un intruso
de resplandor naranja.

domingo, 19 de agosto de 2018

Los primeros versos

Recuerdo alguna vez haber visto su rostro,
sentirme volar y marear de belleza,
haberme dejado llevar por la palabra,
lentamente sumergido en el sonido,
enfermando de un placer novedoso,
que sostenía mis sentidos con su significado,
antes de los músicos, los ideales egoístas y las heridas,
en el nadie de la luz versátil,
antes de los libros, los romances feroces y toda la locura,
hablando de lugares no vistos,
recuerdo haber tocado su rostro
y entregarme felizmente a su capricho,
recuerdo su presencia rozagante
y como todo aquello fue puro y verdadero.

martes, 24 de julio de 2018

Un sueño de ayer

En aquellas ciudades donde perdí amigos,
me olvide de mi nombre y aligeré mi carga,
hice todo cuanto pude por la causa,
como individuo, nunca como masa,
me encendí en llamas con el ideal de la justicia,
dicen que recorrí siempre las mismas calles en vano,
pero a tu lado, tomándote respetuosamente de la mano,
enterados de que hay algo bueno en el ser humano,
por lo menos eso fue lo que dejamos escrito,
tocados por aquella mancha inherente del bien hacer,
no hubo temor ni duda, solo un loable y tormentoso deber,
un ideal para quien pueda expresar un sueño de ayer,
no sería yo si no fuera por ti, amiga mía,
entre libros te defendí a ti y al mundo hasta la última letra,
me preguntaron los libres y los enfermos si valió la pena,
pero ellos no saben morir ni encontrar toda su fuerza.

lunes, 12 de febrero de 2018

lunes, 6 de noviembre de 2017

Ofelia

Una voz para consentir,
caricias para consolar,
-Vente mi niño, dame esos chinitos,
yo quisiera unos chinitos así - me decías,
yo no podría olvidarme,
déjame ver cómo atiendes a las aves y a las plantas,
llévame a misa y escúchame cantar los salmos,
escúchame rezar y decirle nuestros nombres a Dios;
luego vamos a sentarnos en las bancas un rato,
a ver que amistad nos encontramos,
pero no hay que volver tarde a la casa,                                                       
vamos a merendar pan con chocolate
y cuando todos se vayan de la cocina,
pídeme que me quede a platicar,
cuéntame de los concursos de baile,
cuéntame cómo era la casa hace 30 años,
cuéntame de las escapadas,
de los viajes y las comidas,
y enséñame las fotos de mis tíos y mi mamá;
solo una pregunta me pone nervioso:
-¿Bailamos joven? -
Y hoy me gusta bailar aunque no sepa,
me gusta el mambo y las canciones lentas,
solo por ti.
Ay la nata con azúcar,
el pan con mantequilla,
las gorditas, el caldo de verduras
y el atole para pegar las estampas,
dormirme en tu cama
frente a los elefantes de porcelana.
Yo no me podría olvidar de ti,
me entregaste la paciencia de tus ojos
y la dulzura de tus labios,
un abrazo y una bendición,
son los recuerdos de un amor perfumado,
gardenias y reinas por una noche,
son los momentos de una infancia,
una vejez, una vida con ritmo en el corazón.